No ser declarado culpable no significa ser inocente

La ley puede absolver, pero no siempre resuelve la responsabilidad. Qué enseña el Levítico sobre culpa, restitución y reparación.

Rabino Moshe Pitchon

4/2/20261 min read

“Ninguno de nosotros,” escribió Rollo May, “deja de distorsionar en alguna medida la realidad del otro.”

No se trata solo de una observación sobre la imperfección humana. Es una descripción de nuestra condición: actuamos, nos equivocamos, dañamos, muchas veces sin comprender del todo lo que hemos hecho.

Las sociedades modernas tienden a reducir este problema al plano jurídico. Si no hay condena, el asunto queda cerrado. Pero la resolución legal no agota la realidad moral.

Mucho antes de que la psicología moderna pusiera nombre a esta tensión, la tradición bíblica ya había desarrollado un marco para abordarla. En el Book of Leviticus, el sistema del asham—la llamada “ofrenda por la culpa”—se ocupa precisamente de esa zona intermedia.

Se trata de faltas concretas: juramentos falsos, fraudes, apropiaciones indebidas, omisiones. No siempre hay intención maliciosa. No siempre hay sanción judicial. Pero queda algo: la conciencia de haber causado un daño.

Como señala el gran estudioso bíblico Jacob Milgrom, estos textos hablan de personas “atormentadas por su conciencia”, cuyo sufrimiento no es visible para los tribunales, pero es real.

La respuesta no es simbólica. Es exigente: confesión, restitución y reparación. Antes de cualquier reconciliación con Dios, el daño debe ser corregido en el plano humano—y con un costo adicional que lo reconozca.

La lección es incómoda, pero esencial: no ser declarado culpable no significa no ser responsable.